domingo, 18 de noviembre de 2012

Crónica de lo olvidado:

Sin ella el jardín estaba vacío,
tanto como aquel cuaderno de hojas en blanco
que dejó olvidado en aquel rincón de su alcoba.

Sin ella, el aire olía diferente,
tanto como aquellas palabras susurradas
que dejó olvidadas en algún rincón del recuerdo.

Sin ella, la casa estaba solitaria
y su aroma se había perdido totalmente
en el grandioso vibrar del tiempo.

Sin ella, estaba apagado y olvidado
todo aquello que le hacía feliz,
estaba asustado tal vez el cielo.

Sin ella, el mar se ondulaba grisáceo y purpúreo,
tormentoso y vacío de ritmo,
como si una parte de él también
hubiera rodado a otro abismo con ella.

No era especial, ni agraciado el paisaje
que se dibujaba tras el cristal
si ella no podía observarlo
apoyada en el alféizar de la ventana.

No quedaba calidez en la brisa del balcón,
ni siquiera esas tardes de agosto,
también entonces hacía frío sin ella.

También entonces él quedaba en el olvido,
y desaparecía del mundo sin ella.

También entonces le devoraba la locura
de no encontrarla,
también entonces le asfixiaba su ausencia.

Porque sin ella, todo quedaba en el frío olvido,
porque sin ella sus días eran aún más grises,
porque sin ella nada tenía sentido.
Sin ella, él era débil y arrugado.

Sin ella el álbum de recuerdos
no podía pasar la siguiente página,
porque el álbum contaba la historia
de dos viejitos que corrieron juntos
el girar de la tierra.

Una historia ,que Sin ella...
terminaba para él.

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